Fotografía facilitada por el Museo Regional de Aysén
Los Habitantes originarios de Aysén
“Aysén está lleno de cosas por descubrir. Un territorio tan desconocido que hasta se puede “descubrir” algo tan enorme como un volcán. Pero la búsqueda es aún más emocionante cuando se trata de descubrir algo tan elusivo como las huellas de pequeños grupos de cazadores-recolectores móviles, huellas sujetas a la descomposición en un ambiente lluvioso y bien escondidas además por la vegetación, las cenizas volcánicas o los restos de grandes quemas, que todo lo cubren.
Pese a todo, hay algunas señas evidentes y claramente visibles de que hubo gente en estas tierras antes de que llegaran los pobladores “occidentales” que sin duda vieron las pinturas de manos o los esqueletos en roqueríos funerarios del litoral. Sabían que no eran “los que llegaron primero” pero nada más. Ni quienes estuvieron acá antes, ni cuándo llegaron. Esas huellas eran apenas un remezón a la curiosidad, una invitación a buscar esa montaña de evidencias silenciosas tras estos misteriosos hallazgos.
Esa búsqueda –que compromete recursos más especializados- se encuentra en plena marcha, pero gracias a ella ya sabemos, por ejemplo, que los primeros seres humanos en visitar el territorio de Aysén lo hicieron hace más de doce mil años desde las estepas orientales, que los primeros grupos canoeros llegaron al litoral hace unos seis mil años y que durante todo este largo tiempo se desarrollaron modos de vida únicos, distintos de lo conocido en zonas “vecinas” (como por ejemplo en Argentina o Magallanes) que por haber sido estudiadas antes eran la única referencia disponible para tratar de conocer la prehistoria de Aysén. Como siempre ocurre, mientras más se sabe , más preguntas surgen y tal vez, lo más importante que hemos aprendido, es que sólo podemos proyectar de modo crítico y cauteloso lo que se conoce de otras zonas.
Lo fascinante de la prehistoria de Aysén es precisamente su carácter misterioso. De a poco vamos aprendiendo, despejando la bruma de los tiempos, y aunque hay afirmaciones que se consolidan mientras más investigaciones las ratifican, debemos estar abiertos a encontrar cosas inesperadas. Hasta hace pocos años, por ejemplo, nadie pensaba que grupos de la estepa habían incursionado regularmente al oeste o que habían cazado huemul en el bosque. Hasta hace poco creíamos que no hubo indígenas en los últimos siglos y menos que hubieran tenido contacto con poblaciones muy distantes. Sin embargo, cada año se constatan sitios arqueológicos más al oeste, se obtienen fechados radiocarbónicos recientes o se produce el hallazgo excepcional de unos extraños aros originarios del Norte Chico….Después de todo, no debería sorprendernos, porque los habitantes originarios de Aysén no calzan ni con la imagen de los grupos Mapuches y sus antecesores de más al norte (con cierto sedentarismo, horticultura y alfarería) ni caen en la categoría de cazadores-recolectores “típicos”, como los Selk’nam de Tierra del Fuego. De alguna manera constituyen una bisagra, una realidad intermedia. Marginal a ambos si se insiste en ver desde esa perspectiva, pero más bien una realidad única propia”.
Francisco Mena Larraín
Arqueólogo de la Universidad de Chile
Doctor en Antropología – Universidad de California.
Maestro y referente de la arqueología de Aysén, con más de 30 años de investigación, rescate del aporte y presencia del ser humano en relación con la naturaleza y su valor patrimonial.
Fotografía facilitada por el Museo Regional de Aysén
Slow Travel – Ritmos propios en la inmensidad de Aysén
“La Región de Aysén, desde el punto de vista de la colonización tiene una historia humana admirable por el sacrificio de instalarse a vivir en estas latitudes, adaptándose a la lejanía en entornos geográficos abiertamente desafiantes.
En los registros se ha valorizado su patrimonio cultural y las particularidades de habitar territorios bravíos, expuestos a largos y duros inviernos en vastas soledades donde el valor del vecino o la comunidad alcanzaba un sentido predominante en el socorro mutuo. Así se conjuga la vida, entre fogones, mates y proyectando el futuro sin mayor ambición que una vida surtida de todo lo necesario para el bienestar del grupo.
Los ritmos de vida se aprendieron a moldear a la naturaleza, como si la arquitectura del paisaje se impusiera y ganarse un espacio signifique años de tesón para despejar, cercar, obtener la pradera, levantar el fogón y finalmente la casa para arrimar la familia. Aún hoy, los viejos galpones, herramientas, cerco cajón, fogones de palos labrados a hacha, que todavía están en pie, ofrecen rememorar los tiempos de colonización.
A diferencia de la modalidad de poblamiento en el país, que se desarrolló bajo las Leyes de Indias que avanzaba en un eje Norte – Sur, donde la generación de núcleos va conectándose en línea, acá se descontinúa. Aysén tiene un mandato interno que debuta de manera autónoma y sin seguir un orden preestablecido como lo demarcó el Camino Real en las regiones del Norte. En cambio el abordaje por Este (Argentina) y Oeste (Archipiélago de los Chonos ) va generando puntos de poblamiento totalmente inconexos entre sí y con culturas propias de acuerdo a su contexto.
Quien visita la Región de Aysén, se fascina y desorienta. A diferencia del otro Chile del Norte, acá el sol se levanta desde la estepa o bien desde la Cordillera, para volver a ocultarse detrás de ella, e incluso estando en los poblados del litoral: el sol sigue tras las montañas. Porque aquí, los Andes Patagónicos se fragmentan, extienden y se hunden en el mar, teniendo así profundos canales que equivalen a un Valle Central, pero sumergido y salpicado de islas que conforman un escenario archipelágico de múltiples paisajes y lleno de misterios”.
Anahí Huechán Quintana
Sociedad de Historia y Geografía de Aysén.
Es miembro de SOHIGEO desde su creación en el año 2003, organización cultural cuyo objetivo es la difusión, investigación y puesta en valor del patrimonio histórico y geográfico de la región.
Baño de ovejas (Estancia Coyhaique)
Fotografía facilitada por el Museo Regional de Aysén
Puerto Aysén
Fotografía facilitada por el Museo Regional de Aysén
Dentro del país, este territorio fue uno de los últimos en ser colonizado, aproximadamente entre los años 1859 y 1954. Y porque es un espacio diferente, te invitamos a recorrerlo distinto, a conectarse con su identidad y cultura, a contemplar la inmensidad y sentir que eres un nuevo explorador y a ser felíz con lo más simple y puro de esta tierra, te invitamos a un viaje con sentido junto a 100% Patagonia Slow Travel.
